Audiencias para la CF

La Catequesis Familiar contiene materiales formativos para niños y para adultos. Eso la convierte en una herramienta versátil que puede ser utilizada para beneficio de diversas audiencias:

  1. Los catequistas: necesitan no solo el material para preparar las sesiones con niños. «Cada tema catequético que se imparte debe nutrir, en primer lugar, la fe del propio catequista. En verdad, uno catequiza a los demás catequizándose antes a sí mismo» (Directorio General para la Catequesis, n. 239). Por eso, las consideraciones que se sugieren en los contenidos para adultos son útiles para que el propio catequista los considere en su oración, en las conversaciones con otros y en el modo de transmitirlo a los demás.
  2. Los padres: son los verdaderos protagonistas de la formación en la fe de sus hijos. Quieran o no, lo que hacen y dicen, y lo que dejan de hacer y decir, es más importante que lo que los niños aprenden en la catequesis. Por eso, aunque resulte difícil y no se consiga a la primera, el objetivo de la catequesis debería estar siempre en tratar a los padres más que en tratar a los niños. Es la familia quien necesita una «especialísima atención». Eso puede requerir años de insistencia, hasta conseguir el deseado cambio cultural.
  3. Los profesores de religión: la catequesis y la clase de religión son actividades distintas. Pero no pueden considerarse «aisladas». El conocimiento sin vinculación a la vida real sería un aprendizaje extremadamente pobre. Por eso, los profesores de religión pueden aprovechar cada tema para extraer ideas, recursos y sugerencias que sirvan a sus alumnos y a ellos mismos para mejorar en el camino de la fe práctica. Es parte de la identidad cristiana que ha de tener un centro con ideario católico: un lugar donde no solo se aprende la fe, sino que también se vive.

La renuncia -por las dificultades, o por cualquier razón- a implicar a los adultos en la educación de los niños, muy en especial a los padres, puede hacer un daño importante a la conciencia de esos pequeños. Si los niños perciben diferencias entre lo que aprenden en la catequesis y lo que ven en casa, la conclusión que extraen en la vida real, cuando son algo mayores, es un cinismo a prueba de bomba: una actitud que les lleva a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones ni en sus acciones. El camino de la coherencia es, sin duda, más angosto; pero definitivamente hay que apostar por él con decisión y entusiasmo.

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